
Cuando una ganadería no se adapta a las exigencias del mercado, acaba en el matadero. Últimamente nos hemos enterado de la desaparición de dos ganaderías tan representativas del campo charro como Atanasio Fernández y Sánchez Fabrés.
Durante la época de Joselito y Belmonte desaparecieron la casta navarra y la jijona. Y la casta vazqueña quedó reducida a algo puramente marginal. Y no importó nada a nadie.
Actualmente existe la conciencia de que la pérdida de encastes es muy perjudicial para la variedad de la fiesta. Y esta nueva conciencia es tremendamente positiva.
Esta inquietud de la afición debe dar lugar a la creación de una ganadería estatal en la que estén representados todos y cada uno de los encastes.
Escribe Domingo Delgado de la Cámara, más aquí.

